[Esp/Eng] Publicación de viernes // Friday post

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Viernes, 14 de febrero, 2025.

Nació de la escasez, como muchas grandes ideas. Durante la Segunda Guerra Mundial, el cacao era un lujo inalcanzable en Italia, y los chocolateros debían ser creativos para seguir en el negocio. Pietro Ferrero, un pastelero del Piamonte, tuvo una idea: estirar el poco chocolate disponible mezclándolo con avellanas, abundantes en la región. Así creó una pasta dulce y untuosa llamada Giandujot, un bloque sólido que se vendía envuelto en papel de aluminio y que las familias cortaban en rebanadas para poner sobre el pan. Era 1946 y nadie imaginaba que aquello daría inicio a un fenómeno global.

Pocos años después, en 1951, la receta evolucionó a una versión más suave y fácil de untar, conocida como Supercrema. Fue entonces cuando Michele Ferrero, hijo de Pietro, tomó las riendas del negocio y vio un potencial inmenso en aquel invento. Sabía que podía convertirlo en un producto irresistible y universal. Trabajó en la fórmula, perfeccionó la textura y, en 1964, renombró la crema como Nutella, uniendo las palabras “nut” (nuez) y el sufijo italiano “-ella” para darle un tono amigable y atractivo.

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Tenor

El éxito fue inmediato. Un frasco de Nutella era mucho más accesible que una barra de chocolate y tenía un sabor único, con la dulzura del cacao y la profundidad de las avellanas en un equilibrio perfecto. Se convirtió en un desayuno habitual en los hogares italianos y, poco a poco, conquistó Europa. Francia, Alemania y otros países adoptaron la Nutella como un placer cotidiano.

Lo que empezó como una solución a la escasez terminó convirtiéndose en un ícono cultural. Con el tiempo, su popularidad cruzó océanos y llegó a todos los rincones del mundo. Hoy, la Nutella es más que una crema de avellanas con cacao; es sinónimo de indulgencia, recuerdos de infancia y momentos felices. Ha inspirado postres, festivales y hasta colecciones de frascos de edición limitada. Todo gracias a una crisis que obligó a un pastelero a pensar diferente.

Nutella es más que una simple crema para untar; es un símbolo de placer y nostalgia. Su sabor equilibra lo mejor del cacao con la suavidad de las avellanas, creando una experiencia adictiva que transforma un desayuno común en un pequeño lujo. Es versátil, se adapta a tostadas, frutas, crepas o simplemente a una cuchara cuando el antojo es más fuerte que la razón. En un mundo donde las rutinas pueden volverse monótonas, un frasco de Nutella tiene el poder de convertir un momento cualquiera en algo especial.

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Tenor

Pero la indulgencia tiene su precio. A pesar de su innegable sabor, Nutella no es precisamente un alimento saludable. Su alto contenido de azúcar y aceite de palma la aleja de cualquier idea de nutrición equilibrada. Una porción pequeña contiene más azúcar que cacao o avellanas, lo que la convierte más en un postre disfrazado de desayuno que en un alimento esencial. Para muchos, esto es irrelevante, porque el placer que proporciona supera cualquier preocupación. Para otros, el debate sobre sus ingredientes, especialmente el impacto ambiental del aceite de palma y la cantidad de azúcar que aporta a la dieta, la hace menos atractiva.

Sin embargo, la relación con Nutella no se mide solo en términos de calorías o gramos de azúcar. Es una cuestión de emociones, de recuerdos y de momentos compartidos. Hay quienes la ven como un capricho ocasional y quienes la defienden como un imprescindible en la despensa. Al final, como con todo en la vida, el secreto está en el equilibrio: disfrutarla sin excesos, sin culpas, con la consciencia de que no es un alimento milagroso ni un enemigo absoluto, sino un placer que, como todos, se disfruta más cuando se elige con intención.

Cuando tenía catorce años visité a mi papá. Entre su trabajo y las prisas de mis estudios del colegio, siempre quedábamos en que pronto nos veríamos, pero nunca concretábamos nada. Hasta que un sábado, sin avisar demasiado, decidí ir a su departamento con un frasco de Nutella en la mano. Sabía que no era la visita más planeada ni el regalo más original, pero también sabía que mi papá nunca decía que no a algo dulce, creo que eso lo heredé de él.

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Tenor

Cuando abrí la puerta, lo encontré en la cocina, revolviendo un café con una cuchara de metal, como hacía desde siempre. Me miró con sorpresa y después con esa sonrisa de medio lado que significaba que estaba contento, aunque no lo dijera. Nos sentamos un rato a ponernos al día, y entre historias y risas, se me ocurrió la idea de hacer algo con la Nutella. Él arqueó una ceja, como si no estuviera convencido, pero bastó que mencionara la palabra "hotcakes" para que aceptara sin pensarlo demasiado.

Nos pusimos manos a la obra sin seguir una receta exacta. Harina, leche, huevos y un poco de mantequilla derretida, todo mezclado sin mucha precisión. Mi papá, como siempre, hizo comentarios sobre cómo “antes” todo se hacía a ojo, sin tazas medidoras ni básculas. Yo me reí, pero en el fondo sabía que tenía razón. La masa quedó espesa y suave, lista para ir a la sartén caliente. Mientras los hotcakes doraban, abrimos el frasco de Nutella. Mi papá probó un poco con la punta del cuchillo y asintió, como si estuviera evaluando la calidad del chocolate. Cuando la primera tanda estuvo lista, los untamos generosamente con la crema, dejando que se derritiera un poco con el calor.

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Tenor

Nos sentamos a la mesa con nuestras creaciones, mirando por la ventana del departamento, sin prisa, sin necesidad de hablar demasiado. El primer bocado fue una mezcla perfecta de texturas y sabores: lo esponjoso de los hotcakes, la dulzura de la Nutella, la frescura del plátano y el crujiente de las almendras. Mi papá asintió de nuevo, pero esta vez con más entusiasmo.

No fue una receta complicada ni un evento extraordinario, pero en ese momento se sintió como algo especial. Como un recordatorio de que, a veces, lo único que hace falta para crear un buen recuerdo de convivencia es una receta con el ingrediente principal la nutella, como los hotcakes que preparé con mi papá, o las nutellotti que la primera vez que probé, las adoré.

Esta fue una publicación de viernes.

Gracias por pasarse a leer un rato, amigas, amigos, amigues de Blurt.

Que tengan un excelente día y que Dios los bendiga grandemente.

Saludines, camaradas blurtinenses!!

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Friday, february 14th, 2025.

It was born out of scarcity, like many great ideas. During World War II, cocoa was an unattainable luxury in Italy, and chocolatiers had to be creative to stay in business. Pietro Ferrero, a pastry chef from Piedmont, had an idea: to stretch the little chocolate available by mixing it with hazelnuts, abundant in the region. So he created a sweet and creamy paste called Giandujot, a solid block that was sold wrapped in aluminum foil and that families cut into slices to put on bread. It was 1946 and no one imagined that this would start a global phenomenon.

A few years later, in 1951, the recipe evolved into a softer, easier-to-spread version, known as Supercrema. It was then that Michele Ferrero, Pietro's son, took over the business and saw immense potential in that invention. He knew he could turn it into an irresistible and universal product. He worked on the formula, perfected the texture, and in 1964 renamed the spread Nutella, combining the words “nut” and the Italian suffix “-ella” to give it a friendly, appealing tone.

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The success was immediate. A jar of Nutella was much more affordable than a chocolate bar and had a unique flavour, with the sweetness of cocoa and the depth of hazelnuts in perfect balance. It became a common breakfast in Italian homes and, little by little, conquered Europe. France, Germany and other countries adopted Nutella as an everyday pleasure.

What began as a solution to scarcity ended up becoming a cultural icon. Over time, its popularity crossed oceans and reached every corner of the world. Today, Nutella is more than just a hazelnut spread with cocoa; it is synonymous with indulgence, childhood memories and happy times. It has inspired desserts, festivals and even limited edition collections of jars. All thanks to a crisis that forced a pastry chef to think differently.

Nutella is more than just a spread; it is a symbol of pleasure and nostalgia. Its flavour balances the best of cocoa with the smoothness of hazelnuts, creating an addictive experience that transforms an ordinary breakfast into a small luxury. It is versatile, adapting to toast, fruit, crepes or simply a spoonful when the craving is stronger than reason. In a world where routines can become monotonous, a jar of Nutella has the power to turn any moment into something special.

But indulgence has its price. Despite its undeniable flavour, Nutella is not exactly a healthy food. Its high sugar and palm oil content distance it from any idea of ​​balanced nutrition. A small portion contains more sugar than cocoa or hazelnuts, making it more of a dessert disguised as a breakfast than an essential food. For many, this is irrelevant, because the pleasure it provides outweighs any concern. For others, the debate over its ingredients, especially the environmental impact of palm oil and the amount of sugar it contributes to the diet, makes it less attractive.

However, the relationship with Nutella is not measured only in terms of calories or grams of sugar. It is a question of emotions, memories and shared moments. There are those who see it as an occasional treat and those who defend it as an essential in the pantry. In the end, as with everything in life, the secret is in balance: enjoying it without excess, without guilt, with the awareness that it is not a miracle food or an absolute enemy, but a pleasure that, like all, is enjoyed more when chosen with intention.

When I was fourteen, I visited my dad. Between his work and the rush of my school studies, we always agreed that we would see each other soon, but we never did anything. Until one Saturday, without giving much notice, I decided to go to his apartment with a jar of Nutella in my hand. I knew it was not the most planned visit or the most original gift, but I also knew that my dad never said no to something sweet, I think I inherited that from him.

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When I opened the door, I found him in the kitchen, stirring coffee with a metal spoon, as he always did. He looked at me in surprise and then with that half-smile that meant he was happy, even if he didn't say it. We sat down for a while to catch up, and between stories and laughs, I came up with the idea of ​​making something with Nutella. He raised an eyebrow, as if he wasn't convinced, but it was enough for me to mention the word "pancakes" for him to agree without thinking about it too much.

We got to work without following an exact recipe. Flour, milk, eggs and a little melted butter, all mixed together without much precision. My dad, as always, made comments about how "before" everything was done by eye, without measuring cups or scales. I laughed, but deep down I knew he was right. The batter was thick and soft, ready to go into the hot pan. While the pancakes were browning, we opened the jar of Nutella. My dad tried a little with the tip of the knife and nodded, as if he were evaluating the quality of the chocolate. When the first batch was ready, we spread them generously with the cream, letting it melt a little in the heat.

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We sat at the table with our creations, looking out the apartment window, unhurried, without needing to talk too much. The first bite was a perfect mix of textures and flavors: the fluffiness of the pancakes, the sweetness of the Nutella, the freshness of the banana, and the crunchiness of the almonds. My dad nodded again, but this time with more enthusiasm.

It wasn't a complicated recipe or an extraordinary event, but at that moment it felt like something special. Like a reminder that sometimes all it takes to create a good memory of togetherness is a recipe with Nutella as the main ingredient, like the pancakes I made with my dad, or the nutellotti that I adored the first time I tried them.

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This was a friday post.

Thanks for stopping by to read for a while, Blurt friends.

Have a great day and may God bless you greatly.

Regards, comrades blurtarians!!

Translation: Deepl.com

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